Detrás de un gran capital está escondido un gran delito.
Sólo hay tres formas de llegar a ser millonario
honradamente, la lotería, una jugosa
herencia o teniendo sabiduría.
Emmanuel Kant
Nadie sabe si es digno de amor o de odio. Debemos hacer buenas obras
mientras es tiempo. Los verdaderos bienes son invisibles y eternos: y a
ellos debemos aspirar, sin turbarnos por los sucesos de este mundo.
El
hablar de ética en estos tiempos, en el ejercicio profesional del
Derecho, frente a los antivalores que las sociedades de consumo tratan
de imponernos cada día, es como hablar de una candonga de mal gusto para
los antihombres. Los antivalores contrarios a lo ético los vemos a
diario en la T.V., las revistas, los periódicos, conversaciones,
inclusive algunos maestros o líderes religiosos que están con la novedad
del consumismo y con el interés de quebrar valores eternos,
pervirtiendo almas cada día, te dicen que para ganar el mundo no
importan los medios que se utilicen siguiendo al pie de la letra el
manual de filosofía de Nicolás Maquiavelo, aun pasando
por encima del débil, de los desprotegidos y de los que no tienen voz, y
te engañan diciéndote que siendo ético no serás sagaz y que no ganarás
los casos en los tribunales, casi que tienen razón porque son muchos los
que abrazan esa doctrina antiética tratando de anular tu creatividad,
la inteligencia, lo genial, lo culto, la sabiduría, ignorando que no ha
nacido el pagano que le ganará a un verdadero sabio que sabe aplicar
correctamente el conocimiento teórico a la vida práctica.
Una
ética fundamentada en una filosofía rosa y light, en estos tiempos te
convierte en una marioneta, en un personaje y no en una persona que
pueda auto determinarse, te da habilidades y capacidades para poderte
mover dentro de su programación del antihombre, para ganar el mundo aun
acosta de tu esencia humana. No te enseña habilidades para hacer tesoros
en los lugares celestiales donde el hollín y la polilla no corrompen,
sino que te hace hábil para convertirte en un tecnócrata, un mercenario
del derecho, en un profesional de la mentira. Y como premio tendrás unos
cuantos cachivaches modernos regalados por los dioses del consumo,
viviendo de añadiduras, que por cierto, muchos te los codiciarán y
envidiarán, y cuando ya no seas útil para el sistema se te esfumarán o
lo gozarán otros que no vendieron su alma a los dioses del consumo y sin
esfuerzo los adquirirán, porque sus ganancias fueron mal habidas.
Y
al final te encontrarás con la realidad de un pobre desvalido, de
verdaderos bienes invisibles y eternos, con riquezas que no trascienden a
lo celestial, sin poder ser sal y luz de este mundo.
Los abogados
estamos obligados a buscar y vivir cada día los valores éticos, para
construir una nueva sociedad justa; la ley de la conciencia nos guía a
la verdad y la justicia, independientemente de cualquier corriente del
pensamiento o liturgia religiosa que militemos, ya sea mística o
secular, relacionada con el nuevo hombre y divorciado de la filosofía
del antihombre. El principio de moralidad y su imperativo ético nos hace
guardianes cuando actuamos como maestros, catedráticos, estudiantes de
derecho, operadores del sistema judicial, somos llamados a ejercer
nuestra vocación de sacerdotes de la justicia con vestiduras según el
orden de Melquisedec, Rey de justicia,
por lo que debemos cuidarnos para administrar con probidad la ley, no
con patrocinios infieles torciendo el derecho, haciendo injusticia en
el juicio ni favoreciendo al pobre, ni complaciendo al grande, ni
doblegándonos ante el poder, la fama y las riquezas que este mundo nos
ofrece, con justicia debemos obrar frente a nuestro prójimo para tener
una sociedad distinta.
Debemos quebrar con las maldiciones de
cuatro generaciones atrás y cuatro generaciones adelante, haciendo
resurgir nuestra carrera de Derecho, en cuanto a lo ético, moral,
incorruptible, culto, discreto, recto, independiente hasta alcanzar la
justicia. Y que esta sea nuestra orientación, nuestra revelación, a fin
de crear una sociedad nueva, con instituciones visionarias de una
verdadera democracia donde nadie esté sobre la ley, donde exista un
verdadero estado constitucional de derecho a favor de éstas y las nuevas
generaciones, fundado en lo ético y lo moral.
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