sábado, 14 de marzo de 2015

ETICA Y EJERCICIO PROFESIONAL DEL ABOGADO.

Nadie trabajando honradamente puede llegar a ser millonario.
Detrás de un gran capital está escondido un gran delito.
Sólo hay tres formas de llegar a ser millonario
honradamente, la lotería, una jugosa
herencia o teniendo sabiduría.

Emmanuel Kant


Nadie sabe si es digno de amor o de odio. Debemos hacer buenas obras mientras es tiempo. Los verdaderos bienes son invisibles y eternos: y a ellos debemos aspirar, sin turbarnos por los sucesos de este mundo.

El hablar de ética en estos tiempos, en el ejercicio profesional del Derecho, frente a los antivalores que las sociedades de consumo tratan de imponernos cada día, es como hablar de una candonga de mal gusto para los antihombres. Los antivalores contrarios a lo ético los vemos a diario en la T.V., las revistas, los periódicos, conversaciones, inclusive algunos maestros o líderes religiosos que están con la novedad del consumismo y con el interés de quebrar valores eternos, pervirtiendo almas cada día, te dicen que para ganar el mundo no importan los medios que se utilicen siguiendo al pie de la letra el manual de filosofía de Nicolás Maquiavelo, aun pasando por encima del débil, de los desprotegidos y de los que no tienen voz, y te engañan diciéndote que siendo ético no serás sagaz y que no ganarás los casos en los tribunales, casi que tienen razón porque son muchos los que abrazan esa doctrina antiética tratando de  anular tu creatividad, la inteligencia, lo genial, lo culto, la sabiduría, ignorando que no ha nacido el pagano que le ganará a un verdadero sabio que sabe aplicar correctamente el conocimiento teórico a la vida práctica. 

Una ética fundamentada en una filosofía rosa y light, en estos tiempos te convierte en una marioneta, en un personaje y no en una persona que pueda auto determinarse, te da habilidades y capacidades para poderte mover dentro de su programación del antihombre, para ganar el mundo aun acosta de tu esencia humana. No te enseña habilidades para hacer tesoros en los lugares celestiales donde el hollín y la polilla no corrompen, sino que te hace hábil para convertirte en un tecnócrata, un mercenario del derecho, en un profesional de la mentira. Y como premio tendrás unos cuantos cachivaches modernos regalados por los dioses del consumo, viviendo de añadiduras, que por cierto, muchos te los codiciarán y envidiarán, y cuando ya no seas útil para el sistema se te esfumarán o lo gozarán otros que no vendieron su alma a los dioses del consumo y sin esfuerzo los adquirirán, porque sus ganancias fueron mal habidas.

Y al final te encontrarás con la realidad de un pobre desvalido, de verdaderos bienes invisibles y eternos, con riquezas que no trascienden a lo celestial, sin poder ser sal y luz de este mundo.
Los abogados estamos obligados a buscar y vivir cada día los valores éticos, para construir una nueva sociedad justa; la ley de la conciencia nos guía a la verdad y la justicia, independientemente de cualquier corriente del pensamiento o liturgia religiosa que militemos, ya sea mística o secular, relacionada con el nuevo hombre y divorciado de la filosofía del antihombre. El principio de moralidad y su imperativo ético nos hace guardianes cuando actuamos como maestros, catedráticos, estudiantes de derecho, operadores del sistema judicial, somos llamados a ejercer nuestra vocación de sacerdotes de la justicia con vestiduras según el orden de Melquisedec, Rey de justicia, por lo que debemos cuidarnos para administrar con probidad la ley, no con patrocinios infieles  torciendo el derecho, haciendo injusticia en el juicio ni favoreciendo al pobre, ni complaciendo al grande, ni doblegándonos ante el poder, la fama y las riquezas que este mundo nos ofrece, con justicia debemos obrar frente a nuestro prójimo para tener una sociedad distinta.

Debemos quebrar con las maldiciones de cuatro generaciones atrás y cuatro generaciones adelante, haciendo resurgir nuestra carrera de Derecho, en cuanto a  lo ético,  moral, incorruptible,  culto,  discreto, recto, independiente hasta alcanzar la justicia. Y que esta sea nuestra orientación, nuestra revelación, a fin de crear una sociedad nueva, con instituciones visionarias de una verdadera democracia donde nadie esté sobre la ley, donde exista un verdadero estado constitucional de derecho a favor de éstas y las nuevas generaciones, fundado en lo ético y lo moral.

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